Antepasados del audífono: cómo hemos cambiado

Lo que ahora es un pequeño y discreto dispositivo alojado en tu oído, en su prehistoria fue de todo menos pequeño y discreto.

En las antípodas de la investigación auditiva, los hombres y mujeres de siglos pasados usaron todo tipo de utensilios para oír y hacerse oír. Vamos a dar un paseo por la historia.

Si bien la información sobre los antecedentes del audífono se basa más en especulaciones que en descubrimientos fehacientes, los datos que han llegado hasta nuestros días nos hablan de cachivaches primigenios como un cuerno seco y hueco que podría ser el precursor de las cornetas y que pudo haberse utilizado tanto para producir sonidos como para oír. También se tiene conocimiento de ciertas plantas tropicales que, dispuestas en forma de embudo en las orejas, se usaban como amplificadores del sonido; una práctica que aún podemos observar en las tribus de la selva amazónica durante la caza.

Hubo que esperar algunos siglos para conocer aquellos antecedentes que se asemejaran más al audífono actual. Sobre ellos nos han llegado las publicaciones del Dr. K. W. Berger, que mencionan, entre otros descubrimientos, el de objetos de bronce con forma de embudo y terminados en espiral encontrados en las ruinas de la ciudad de Pompeya.

También los españoles pusimos nuestro granito de arena en la historia de los audífonos, y es que, según un registro del año 1657 en un libro de medicina de Wolfgang Hoefer, usábamos un instrumento de nombre "sarvatana" fabricado de plata o bronce y que, como se recoge en el documento: "es como un embudo cuya parte mayor se dirige hacia el que habla, mientras la parte menor se introduce en la oreja".

Otros antecedentes mencionados por K. W. Berger son el cargo de William Bull como "Trompetista Extraordinario" en la corte del rey Carlos II de Inglaterra en 1666, y entre cuyas tareas estaba la de fabricar cornetas auditivas para personas sordas. O los conocidos como "tubos para hablar" fabricados en el siglo XIX, y que no eran sino mangueras flexibles con un tipo de embudo en un extremo y una perforación que podía cubrir el oído en el otro.

Ya en el siglo XIX, el profesor G. Paladino diseñó en Nápoles el "fonífero", un bastón que funcionaba conduciendo vibraciones desde la laringe de quien hablaba hacia la persona que padecía dificultad auditiva y que es, según parece, el antepasado más cercano de los audífonos.

Por suerte, el tiempo y la tecnología nos han llevado hasta las maravillas del siglo XXI, en el que disponemos de los aparatos más avanzados para corregir nuestro déficit auditivo. Lo mejor para conocerlos es pasarte por los centros de Audifón repartidos por España. ¡Te esperamos!