Cuidar de ellos: que la sordera no sea una barrera

Ellos cuidaros de nosotros. Ahora es el momento de devolverles el cariño.

Si ellos cuidaron de nosotros cuando nos subía la fiebre y curaron nuestras heridas después de caernos en el patio del colegio, por qué ahora, cuando se han convertido en los pacientes, no vamos a devolverles todo ese cariño y la comprensión que nos dedicaron durante años.

Es el momento de convertirnos en sus guías y de ayudarles a pasar por este trance que puede suponer la pérdida de audición. ¿Cómo? Con paciencia, con tiempo y con una sonrisa afectuosa que les transmita un mensaje fundamental: “No pasa nada. Todo va a ser sencillo”.

El momento para hacerlo puede surgir de pronto, cuando no hayan entendido una frase de la película o cuando te pregunten por segunda vez a qué hora dijiste que volverías. Es entonces cuando necesitan que les mires de frente, para que puedan ver tu rostro y tus labios al moverse, y que vocalices lo máximo posible, para que puedan entender por fin los sonidos que reproduces.

Convivir con una persona con dificultades auditivas no es siempre fácil; también quienes lo hacen tienen que adaptarse al cambio y familiarizarse con la nueva situación. Para ello es importante no perder de vista dos realidades. Para empezar, que la empatía es necesaria para progresar juntos y, por último, que los verdaderos afectados son ellos, quienes ven cómo sus capacidades auditivas se han reducido y tienen que reinventar su mundo.

La pérdida auditiva o sordera no debería ser una barrera en nuestras relaciones familiares. El uso de audífonos adaptados a la persona y la ayuda de profesionales que nos ayuden a entender cómo será este proceso de adaptación pueden ser la clave para que todo vuelva a la normalidad y para evitar la exclusión social de quienes la padecen.