Vivimos en el segundo país más ruidoso del mundo

Los niveles acústicos de España pueden dañar gravemente nuestra salud auditiva

¿Tienes idea de cómo tiene que ser vivir en uno de los países más ruidosos del mundo? Pues seguro que sí, porque vives concretamente en el país con el segundo índice de sonoridad más elevado de todo el mundo, justo después de Japón.


España ya supera con creces desde hace años los 65 decibelios que establece la OMS como límite máximo de ruido recomendable para los oídos. El tráfico, las fábricas o los bares constituyen casi todo el grueso de contaminación acústica de nuestro país, siendo Madrid una de las capitales más ruidosas del mundo.

Esta sobreexposición a niveles tan extremos de sonido está perjudicando considerablemente la salud auditiva de quién lo sufre. La capacidad auditiva envejece progresivamente con el exceso de ruido. Lo que esto provoca es que la presbiacusia descienda enormemente la franja de edad en la que suele manifestarse. Actualmente la aparición de la sordera propia de la edad representa entre el 40 – 50% de los mayores de 65 años, sin embargo, dentro de poco este índice descenderá a edades comprendidas entre los 40 y 50 años.

Pero además de los ruidos que se producen en el exterior hay que sumar el que se genera en el interior de las casas. Este entorno también se caracteriza por ser especialmente ruidoso en España, a pesar de que somos nosotros mismos los que podemos controlar esos niveles sonoros. Por ejemplo, un aspirador emite unos 65 dB, rozando el máximo, y otros aparatos como el despertador, la televisión o el teléfono llegan hasta los 75 dB. También se calcula que aproximadamente el 20% de los ruidos proceden de casa de los vecinos y cerca de un 16% vienen de pisadas o movimientos en el piso de arriba.

A estos factores, tendríamos que sumarle además las actividades de ocio, como las relacionadas con la música, que en la mayoría de las ocasiones superan con creces los límites sonoros establecidos por la OMS como perjudiciales para nuestros oídos. Asistir a un concierto supone exponerse a unos niveles de 110 dB y utilizar los auriculares con el volumen al máximo alcanza los 90. 

Como hemos comentado en alguna ocasión, la utilización de auriculares pequeños supone un grave riesgo para nuestra audición, provocando que haya una pérdida auditiva prematura. Si además de hacer un uso incorrecto de estos, cuando nos los quitamos también nos vemos expuestos a unos niveles de sonido muy extremos, estamos propiciando la aparición de patologías auditivas, como presbiacusia antes de tiempo, acúfenos u otras derivadas de la falta de cuidado de la salud auditiva.

Los acúfenos se producen en muchas ocasiones por ruidos ambientales muy fuertes. Además, los ruidos pueden provocar tres tipos de pérdida auditiva:

  • Trauma acústico: Tiene lugar cuando hay una sola exposición a un sonido extremadamente fuerte como una explosión. En este caso puede producirse una rotura del tímpano, daño considerable en la cadena de huesecillos o la destrucción de células sensoriales auditivas. Cuando esto ocurre se da lugar a una pérdida auditiva permanente.
  • Desplazamiento temporal del umbral inducido por el ruido: Tiene como resultado una pérdida de audición temporal a causa de una elevación de los niveles de sonido.
  • Desplazamiento permanente del umbral inducido por el ruido: Se puede presentar a causa de la exposición permanente a niveles de sonido muy elevados. En este caso la pérdida auditiva no es reversible.

Valorando todas las patologías y daños auditivos que se pueden producir a causa de la exposición irresponsable a una fuente de sonido, conviene recordar las indicaciones recomendadas para cuidar nuestra salud auditiva.