La importancia de la recuperación auditiva

Existen muchas razones por las que no debemos dejar pasar nuestros problemas de oído: es hora de concienciarse.

Si cuando tenemos dificultad para ver inmediatamente nos planteamos el uso de lentes, ¿por qué somos a veces tan reticentes a solucionar nuestros problemas de audición?

Tener mermada la capacidad auditiva y no acudir a remediar esta desventaja parece un sinsentido y lo es. Aún así, con frecuencia pasamos por alto la importancia de una audición clara y completa. Si dejamos que esto ocurra, nuestra interacción con el mundo que nos rodea se volverá cada vez más complicada. Al no escuchar bien, la comunicación se interrumpirá constantemente, lo que puede generarnos estrés y, en muchas ocasiones, aislamiento. Por otro lado se da la circunstancia de que, si dejamos de oír muchos de los sonidos cotidianos de nuestra vida, estos poco a poco dejan de existir en nuestra experiencia. ¿De verdad queremos que esto ocurra?

Erróneamente se piensa que un audífono es para aquel que “realmente” tiene problemas de sordera. Sin embargo, tener leves dificultades de audición y no acudir a solventarlas puede derivar en un problema mayor; y es que generalmente la pérdida auditiva avanza de forma paulatina e imperceptible para quien la padece. Suelen ser nuestros familiares y amigos quienes se dan cuenta de que algo no va bien. Entre los indicadores de una pérdida de audición, se encuentran los siguientes casos:

  • Pedir con frecuencia que se repitan palabras.
  • Escuchar el televisor y la radio a un volumen demasiado alto.
  • Parecer distraídos o ausentes en las reuniones.
  • Tender al aislamiento.
  • Quejarse de que los demás hablan muy bajo
  • Sentirnos irritados ante gritos de niños o ruidos intensos.

Todas esta situaciones o algunas de ellas son propias de las personas que están perdiendo progresivamente su capacidad auditiva y, aunque no resulten graves, sí deberían ser una señal para actuar. Porque el uso de audífonos le devuelve gran intensidad a la vida de quien padece algún tipo de padecimiento auditivo, le permite integrarse con naturalidad a las conversaciones, advertir las necesidades de un bebé que llora, escuchar un grito de precaución en la calle, oír música sin dificultad e incluso volver a percibir sonidos que ya había olvidado.